La Disciplina del Retiro

Esta semana lo primero que me llamo la atención fue el uso de las palabras; soledad, silencio y retiro. Para mí la soledad no es algo saludable para las personas. Foster, R. (1988) nos dice que “…la soledad es un vacío interior… [mientras que]…el retiro es la realización interior…” (p. 109). El video de la “Soledad con Dios” nos enseña que abre el camino de la intimidad y nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos y con Dios.

Desde Génesis podemos ver que Dios vio al hombre solo y dijo: “…No es bueno que el hombre esté solo…” (Gen. 2.18). En este estado mental o sentido de soledad nos sentimos abandonados, nos separa de Dios y las personas. La persona que es callada o silenciosa se le considera muchas veces una persona tímida y hasta con problemas de socializarse con otras personas. De la soledad Hunt, J. (1990–2011) nos dice:

“…Es interesante que la palabra solo aparece 118 veces en las Escrituras, pero en pocas ocasiones es sinónimo de la palabra soledad. De hecho, “el sustantivo ‘soledad’ no adquirió su significado actual sino hasta el presente siglo y no apareció en ningún diccionario importante hasta después de la Segunda Guerra Mundial. En otras palabras, sólo recientemente se ha definido a la soledad como un estado mental… Pero, estar a solas es muy diferente. Si lo vemos de manera apropiada, estar a solas puede ser una puerta para llegar a Dios…” (V. 88, p. 1)

Entonces, ¿Cómo podemos usar estas palabras para dar el sentido de una disciplina sin que nos lleve a un prejuicio negativo de la palabra? Primero, Jesús, quien es nuestro ejemplo, busco tener momentos de soledad en oración (Mat. 26.36-46) (Foster, 1988). Segundo, nuestra motivación debe ser la correcta. No nos retiramos para huir de la gente, sino para oír mejor. “El retiro no es un lugar, sino un estado de la mente y del corazón…” donde tendremos como fruto el aumento de sensibilidad y la compasión hacia los demás (Foster, 1988). Tercero, el retiro debe estar acompañado por el silencio, porque “…sin silencio no hay retiro…” (Foster, 1988). El silencio nos ayuda al dominio propio para poder hablar palabras con significado y necesarias. Cuando practicamos la disciplina del silencio le damos la rienda a Dios de nuestra justificación (Foster, 1988). Cuarto, si cultivamos el retiro y el silencio internos nos librara de estado mental de la soledad y el temor (Foster, 1988).

Esta disciplina busca, como otras, estar en diálogo con Dios. Como lo hizo Jesús, debemos practicar retirarnos, para entrar en un dialogo con Dios, tomar fuerzas y poder enfrentar la vida con lo que venga. El retiro, con su inseparable disciplina del silencio, debemos practicarlo con las otras disciplinas, tales como la oración, la meditación, el ayuno, y el estudio. Mientras hacemos uno podemos practicar el otro (Foster, 1988).

Referencias

Foster, R. (1988). Celebración de la disciplina: Hacia una vida spiritual más profunda. New York: HarperCollins.

Hunt, J. (1990–2011). 100 Claves Bíblicas para Consejería (Vol. 88). Dallas, TX: Esperanza para el corazón.

Video: “La soledad con Dios”. Recuperado de: http://www.youtube.com/watch?v=KwSm0Hk2i54

 


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La Disciplina De Sumisión

Cuando yo era más joven en el cristianismo, usábamos un refrán que decía: “Dios dijo que fuéramos mansos, pero no mensos”, refiriéndose a la agresividad o el carácter de nosotros, para que no demostráramos ser bobos. Teníamos que ser listos. En la sociedad en que me crie teníamos que ser agresivos y siempre estar a la expectativa (defensiva) para que no nos cogieran de bobos. Era un medio de justificación de algunas acciones que hacíamos, fueran buenas o malas. Por eso la disciplina del silencio (que es útil en con la disciplina de la sumisión) (Foster, 1988) no cuadra en una sociedad impulsiva. Pero tenemos que ser obedientes a Jesús según Marcos 8.34 (Foster, 1988) y la disciplina de la sumisión nos ayuda a cumplir con las palabras de Jesús.

Por esto renunciar a nuestros propios derechos (Foster, 1988) estaría fuera de principios de nuestra crianza y la sociedad, incluyendo nuestras familias, nos atacaría poniéndonos en categorías de bobos. Esto nos trae un conflicto emocional, interno que necesitamos vencer. Por esto la práctica de las otras disciplinas nos ayuda a reflexionar de nosotros para dar los valores o peso al reino de Dios y que podamos ser sumisos. La clave está en que podamos ser sumisos en todas las formas de la vida humana, que constituye la base de la enseñanza de las epístolas del Nuevo testamento (Foster, 1988).

El problema es establecer el balance y conocer los límites de la sumisión, aunque es difícil definir los límites de la sumisión (Foster, 1988). La clave está en someternos más a través de las otras disciplinas a través del Espíritu Santo, para tener una negación por amor a otros como Jesús lo hizo (Foster, 1988). Foster, R. (1988) nos da unos actos muy buenos que necesitamos practicar en la sumisión y que necesitamos considerar a través del Espíritu.

Personalmente entiendo que en la sumisión rompemos prejuicios personales y sociales en nuestras vidas. Por ejemplo, uno de los actos de sumisión (al mundo) nos enseña que seamos miembros responsables de un mundo que cada vez es más irresponsable (Foster, 1988). ¿Cuántos recogemos un papel del piso que nosotros no hemos arrojado al suelo? La sumisión me enseña a ser más humano para abrir a mis ojos a los que me rodean y ayudar a suplir la necesidad de ellos. Me ayuda a mirar el presente y el futuro. Esta disciplina me enseña que la sumisión es más amplia de lo que creía y específicamente como la presenta Foster, R. (1988) en los actos de sumisión. Más aun cuando Rivera, R. A. (2008) escribe de la ecología y de la exhortaciones del cuidado pastoral. No puedo limitarme a unas áreas solamente. Si me limito a unas áreas de mi vida, me limito yo mismo de los que Dios quiere hacer en mi vida para el beneficio de su Reino en el mundo.

Referencias

Foster, R. (1988). Celebración de la disciplina: Hacia una vida spiritual más profunda. New York: HarperCollins.

Rivera, R. A. (2008). Introducción a las disciplinas espirituales AETH. Nashville: Abingdon.

Video: La soledad. Obtenido de


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La Disciplina del Ayuno

El ayuno es una de las disciplinas de nuestra iglesia y la enseñamos como algo importante en la vida del cristiano. Ahora, no la enseñamos como medio de salvación. Durante el tiempo de Cristo sus discípulos no ayunaron, pero esto no quiere decir que Jesús no apoyo la disciplina del ayuno. El claramente dijo en Marcos 9.15 que sus discípulos ayunarían y en Hechos 13.2-3 vemos que después de su ascensión sus seguidores ayunaron. “El ayuno nos ayuda a mantener el equilibrio de la vida.” (Foster, 1988)

Estas lecturas me pusieron a pensar en el enfoque en que tenemos que tener cuando hablamos del ayuno: 1) la consideración que tenemos que tener por los que no pueden ayunar y 2) del propósito del ayuno por los que pueden ayunar.

Con relación a los que no pueden ayunar, Foster, R. (1988) y Rivera, R. A. (2008) nos dice que hay personas que no deben ayunar por cuestiones de salud. En un tono serio nos dice Rivera, R. A. (2008): “La necedad y la negligencia no son equivalentes a la espiritualidad.” Este comentario duro la iglesia no debe tomarlo como algo liviano. Necesitamos orientar a las personas intencionalmente sobre este asunto para que la persona no se sienta que tenga que dar explicaciones o excusas si no puede ayunar. (Rivera, 2008) Además, los que puedan hacerlo sean apoyo para los que no pueden, ofreciéndole un día de ayuno por los que no pueden y animarlos a orar por lo menos juntos en los días de ayuno. Esto es algo que puedo incorporar en la iglesia durante los ayunos.

Muchas veces enfatizamos tanto en el ayuno que nos olvidamos crear una conciencia clara del ayuno que agrada al Señor. Pensamos que es automático que los cristianos tienen algo innato del propósito del ayuno. En mi diario y vivir necesito tener una lista para recordar los puntos importantes del ayuno que agrada al señor.

Mi ayuno es normalmente de 24 horas o menos. Cuando era más joven estaba acostumbrado hacer ayunos de tres días. Nunca he hecho ayunos de más de tres días. Siempre he tomado agua cuando participaba en ayunos de tres días. Ahora también uso agua para mojarme la boca o bebo poca agua durante los ayunos de un día o menos.

Foster, R. (1988) explica muy bien lo que ocurre en nuestros cuerpos físicamente cuando practicamos los ayunos. Yo no conocía todas las descripciones que dio en su libro. Esos puntos fueron muy interesantes,

Referencias

Foster, R. (1988). Celebración de la disciplina: Hacia una vida spiritual más profunda. New York: HarperCollins.

Rivera, R. A. (2008). Introducción a las disciplinas espirituales AETH. Nashville: Abingdon.


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La Disciplina de la Oración

Para mi fue impactante la forma en que comenzó Foster, R. (1988) para describir la importancia de la oración, cuando dice: “Si no estamos dispuestos a cambiar, abandonaremos la oración como característica notable de nuestra vida.” Además, es importante saber que el orar nos transforma y que en la oración real comenzamos “a pensar como Dios piensa; a desear lo que El desea; a amar lo que El ama.” (Foster, 1988) Por estas cosas, ciertamente la oración no la podemos tomar como algo liviano. Me acuerdo en muchas ocasiones en la cual decíamos que cuando oramos le pedimos al Señor. La descripción de Kushner de la oración judía es que “… en hebreo el orar no es pedir, sino doblar la rodilla ante Dios. La oración es esencialmente reverencia, no petición…” (Rivera, 2008) Además el motivo principal y la actitud al orar en la oración como disciplina espiritual debe ser la intimidad con Dios. (Rivera, 2008)

Es estas lecturas me llamo la atención y me pude identificar con Foster, R. (1988) cuando decía que “la oración envolvía un proceso de aprendizaje.” Esto me motivo a entender que necesitaba tener esta misma experiencia y que las palabras de Jesús se deben conformar a mi experiencia y no viceversa. (Foster, 1988)

La disciplina de la oración la he practicado más como petición y confesión. (Rivera, 2008) Estos tipos de oraciones son las que practico más a menudo. Puedo entender que en muchas de mis oraciones como petición se convertían en el principal motivo de oración a Dios. La confesión es también parte de todas mis oraciones, pero no siempre tiene el mismo peso que el de la petición.

Algo que me gustó mucho fue el método de las oraciones rápidas. (Foster, 1988) Este tipo de oraciones es algo que lo veo muy práctico y conveniente. Como pastor le veo un potencial tremendo. Aunque recomienda hacerlo en voz baja, yo haría algunas oraciones en voz alta (que la persona me oiga). Creo que esto va a crear más conciencia de orar por los demás y me va abrir puertas de hablar de Cristo a otras personas. Mas aun puedo visualizar a las gentes uniéndose conmigo en oración con un amen en estas oraciones rápidas.

Referencias

Foster, R. (1988). Celebración de la disciplina: Hacia una vida spiritual más profunda. New York: HarperCollins.

Rivera, R. A. (2008).  Introducción a las disciplinas espirituales AETH. Nashville: Abingdon. 


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